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ADHESIÓN GOZOSA DE NUESTRA DIÓCESIS A LA BEATIFICACIÓN DE S.S. JUAN PABLO II E INVITACIÓN A MISA DE ACCIÓN DE GRACIAS QUE CELEBRARÁ EL OBISPO EN “JESÚS MISERICORDIOSO” DE GARÍN Y A LOS DISTINTOS ACTOS Y CELEBRACIONES DIOCESANOS

Esta noticia puede leerse también en: padrenuestro.net

Durante el ángelus del 17 de enero el Papa recordó la próxima beatificación de Juan Pablo II que tendrá lugar el próximo 1 de mayo. “El próximo 1 de mayo tendré la alegría de proclamar beato a mi predecesor, el Venerable Juan Pablo II. La fecha elegida será el segundo domingo de Pascua, que él mismo llamó “de la Divina Misericordia”, y en la que terminó su vida terrena”, dijo el Papa[1], como puede verse y escucharse en:
Youtube
Benedicto XVI: “La beatificación de Juan Pablo II es una alegría para quienes le conocimos”

CELEBRACIONES LITÚRGICAS Y ACTOS ORGANIZADOS EN LA DIÓCESIS DE ZÁRATE-CAMPANA CON MOTIVO DE LA BEATIFICACIÓN DE S.S. JUAN PABLO II

1. En todas las parroquias se celebrarán el día 1ro. de mayo misas en acción de gracias por la beatificación de S.S. Juan Pablo II y se dará a conocer el mensaje pastoral de Mons. Oscar Sarlinga, Obispo diocesano, a tal efecto. En la parroquia de Nuestra Señora del Carmen, de Zárate, se realizarán distintos actos y celebraciones. La parroquia de la Sagrada Familia, de Los Cardales, tendrá una serie de actos que se explicitan en : http://sagradafamiliacardales.blogspot.com/.

2. ACCIÓN DE GRACIAS A LA DIVINA MISERICORDIA: el mismo día 1ro. de mayo, a las 18: en la parroquia de “Jesús Misericordioso” de Garín (populosa localidad del partido de Escobar) se invita a la feligresía diocesana a la procesión y misa subsiguiente presidida por el Sr. Obispo, en la festividad de la Divina Misericordia. En la procesión se portará una gigantografía con el retrato del beato Juan Pablo II, que será dejada en el templo después de la misa. En la misma ceremonia, Mons. Oscar Sarlinga bendecirá una estatua del beato Juan Pablo II la cual está destinada al futuro templo dedicado al mismo.


3. En la parroquia de Nuestra Señora del Pilar (Pilar-centro) se inaugurará el 1ro. de mayo un amplio salón pastoral que llevará el nombre del beato Juan Pablo II. Al mismo tiempo, en la parroquia de Nuestra Señora de la Paz y San Francisco de Asís (ciudad de Pilar) se entronizará en el templo parroquial de San Francisco de Asís un cuadro insigne con una lámina de Plata con el rostro cincelado del Papa Juan Pablo II, recibido como don a Mons. Oscar Sarlinga de parte del entonces arzobispo de Cracovia, Cardenal Macharski, y que el Obispo donó a la nueva parroquia erigida en Pilar para que quede, junto a la reliquia insigne de San Francisco de Asís (que se halla expuesta) para la veneración de los fieles.

Con ocasión de la beatificación de S.S. Juan Pablo II, queremos reafirmar nuestra alegría por la elevación a los altares de quien nos enseñó con tanta claridad y fortaleza el valor de la dignidad humana por la imagen de Dios en el hombre: “El fundamento de la dignidad humana, que cada hombre puede captar reflexionando sobre su naturaleza de ser dotado de libertad, esto es, de inteligencia, voluntad y energía afectiva, encuentra en la redención de Cristo su plena inteligibilidad. En la Carta Encíclica Redemptor hominis he escrito que: “…ese profundo estupor respecto al valor y a la dignidad del hombre se llama Evangelio, es decir, Buena Nueva. Se llama cristianismo”[2].

Y asimismo le agradecemos por todo cuánto enseñó e hizo por la evangelización, la vocación más profunda de la Iglesia. Juan Pablo II nos enseñó la Misión de Evangelizar, no sólo ad extra sino al interior de la Iglesia. Pues la Iglesia siempre ha concebido su misión como apostólica y misionera, es decir, como evangelizadora. Sin embargo, fue el Concilio Vaticano II el que permitió comprender aún mejor esta dimensión. Todo el espíritu verdadero del Concilio se encuentra resumido en la constitución dogmática sobre la Iglesia, Lumen gentium, que dice: “Cristo es la luz de los pueblos. Por ello este sacrosanto Sínodo, reunido en el Espíritu Santo, desea ardientemente iluminar a todos los hombres, anunciando el Evangelio a toda criatura (cf. Mc 16,15) con la claridad de Cristo, que resplandece sobre la faz de la Iglesia”[3].
Edificando sobre el trabajo del Concilio Vaticano II, el Papa Pablo VI dedicó los largos y con frecuencia difíciles años de su pontificado a la tarea de evangelización. En el año 1974, queriendo comprometer a la Iglesia entera de una forma más decisiva en el empeño de extender el Evangelio, el Papa Pablo convocó la Tercera Asamblea General del Sínodo de los Obispos para reflexionar sobre la evangelización en el mundo moderno. El fruto de este encuentro fue su exhortación apostólica Evangelli nuntiandi, en la que reafirmó que “evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar”[4]. Previniendo a aquellos que dentro de la Iglesia podrían reducir esta misión a una vaga opción humanístico-sociopolítica, de liberación y desarrollo meramente horizontales, el Pontífice destacó con claridad que “no hay evangelización verdadera, mientras no se anuncie el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jesús de Nazaret, Hijo de Dios”[5].
El Papa Juan Pablo II, pronto beato, ha continuado esta proclamación evangélica, llevándola adelante con energía. Él ha resumido su propio pontificado señalando que el Señor y Maestro de la historia y de nuestros destinos, ha querido que su pontificado sea el de un Papa peregrino de la evangelización, que anda a través de los caminos del mundo llevando a todas las gentes el mensaje de salvación. Desde 1983 el Papa Juan Pablo II vino llamando repetidamente a la Iglesia a una nueva evangelización. Ésta “no consiste, dijo, en un “nuevo evangelio””[6] ya que el mensaje tiene que ser siempre el Evangelio manifestado en Jesucristo. De otra manera, como lo hizo notar el mismo Pontífice, “no sería “evangelio”, sino mera invención humana, y no habría en él salvación”[7]
A su vez, en su encíclica sobre la validez permanente del mandato misionero de la Iglesia, Redemptoris missio, el Santo Padre declaraba: “Preveo que ha llegado el momento de dedicar todas las fuerzas eclesiales a la nueva evangelización y a la misión ad gentes. Ningún creyente en Cristo, ninguna institución de la Iglesia puede eludir este deber supremo: anunciar a Cristo a todos los pueblos”[8]. Y dejó claramente señalado en su carta apostólica Tertio millennio adveniente, que esta nueva evangelización estaba fuertemente relacionada con la preparación de la Iglesia para celebrar el Ano Jubilar en el 2000. La mayor parte de este “prolongado adviento” de preparación “pretende suscitar –dijo- una particular sensibilidad a todo lo que el Espíritu dice a la Iglesia y a las Iglesias (cf. Ap 2,7ss)”[9] y esto porque es el Espíritu Santo “también para nuestra época el agente principal de la nueva evangelización” que “construye el Reino de Dios en el curso de la historia y prepara su plena manifestación en Jesucristo, animando a los hombres en su corazón y haciendo germinar dentro de la vivencia humana las semillas de la salvación definitiva que se dará al final de los tiempos”[10], nos enseñaba.
Damos gracias al Santo Padre Benedicto XVI por la beatificación de su ilustre predecesor, y pedimos su intercesión sobre nosotros, nuestras familias, nuestra diócesis y sobre la Iglesia entera.

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[1] Benedicto XVI, Ángelus del 17 de enero de 2011, Ciudad del Vaticano.
[2] Juan Pablo II, Audiencia general, Ciudad del Vaticano, miércoles 25 de enero de 1984.
[3] Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, 1
[4] Pablo VI, Exh. Apost. Evangelii nuntiandi, 14.
[5] Ibid. N. 22
[6] Juan Pablo II, Discurso inaugural, Conferencia de Santo Domingo, 12/10/1992, 6.
[7] Ibid.
[8] Juan Pablo II, Enc. Redemptoris missio, 3
[9] Juan Pablo II, Carta Apost. Tertio millennio adveniente, 23
[10] Ibid. 45.

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