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Misa de la Ssma. Virgen en la iglesia de San José, del Movimiento Apostólico de Schoenstatt, en Belén de Escobar, y coronación de la imagen de María, Mater ter admirabilis y del Niño Jesús

El Obispo celebró la misa el sábado a las 12 en la iglesia de San José, en el predio del Movimiento de Schoenstatt, en Belén de Escobar (donde se encuentra el “Santuario”) en el décimo aniversario de la presencia de dicho movimiento en la diócesis, oportunidad ésta en la que se pidió a Mons. Oscar Sarlinga que coronara la imagen de María, Mater admirabilis, y al Niño Jesús que lleva en brazos. Se hallaba presente la Superiora regional, las responsables locales, el padre Benjamín Pereira, asesor espiritual, y concelebraron la eucaristía también los sacerdotes Daniel Bevilacqua, Agustín Arévalo y el P. Juan de Dios, dj. El Pbro. Mauricio Aracena ofició como maestro de ceremonias. Asistieron los diáconos permanentes R. Giner Santacreu (adscripto al movimiento de Schoenstatt) y Ricardo Dib.
La homilía de Mons. Oscar Sarlinga versó, en primer lugar, sobre la acción de la gracia en nuestras vidas, y en especial en las familias, en el significado de la Mater “ter admirabilis” y en el ser “irradiante” de los dones del Espíritu Santo. Mencionó después la importancia de los simbolismos, cuando adquieren un sentido espiritual, y relacionó el significado de “una corona” con la irradiación de las gracias, de las virtudes y de los dones, “a la manera como los rayos dorados o argénteos simbolizan el irradiar” dijo, luego de explicar que “rayo” viene de “radium” y de esta palabra proviene tanto “radiante” como “irradiar”. Expresó que si bien las coronas materiales no se ven ya, y además su sentido sería difícilmente comprensible, en las imágenes religiosas el pueblo cristiano capta el sentido sagrado dicho más arriba. Mencionó también el Obispo el encargo a un movimiento apostólico de “irradiar” la fe, esperanza y caridad para con los que no tienen ya razones para creer o esperar, para quienes más lo  necesitan, para los alejados y aquellos que sufren, y para todos, en particular para ayudar a vivir el don de fortaleza a las familias jóvenes, a los ancianos, a los enfermos, irradiando amor.
A continuación el Obispo hizo referencia a algunos aspectos del mensaje del Papa Benedicto XVI, y acto seguido transmitió su mensaje a la diócesis sobre las comunicaciones sociales, en consonancia con dicho mensaje del Santo Padre. Exhortó Mons. Oscar Sarlinga a ver que “comunicar la verdad es un acto de amor”, que el comunicar de verdad ha de proceder de una vida de oración, para lo cual también es necesario el “silencio”, y que la finalidad evangelizadora y de la civilización del amor y de la paz, renueva en sus fuerzas al comunicar. En ese contexto pidió que todos y cada uno de los católicos (y las personas de buena voluntad, aunque no sean católicas) se hagan comunicadoras y difusoras de la próxima colecta nacional de Caritas, en favor de los hermanos y hermanas más necesitados, que tendrá lugar en junio. Pide se comunique en las parroquias, los colegios católicos, en los grupos de jóvenes, de la catequesis, en las distintas instituciones y asociaciones de fieles.
Mons. Oscar Sarlinga ha recordado que la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales se celebra universalmente todos los años el domingo de la Solemnidad de la Ascensión del Señor, a partir del Decreto “Inter Mirifica” del Concilio Ecuménico Vaticano II, promulgado el 4 de diciembre de 1963 por el Santo Padre Pablo VI, el cual estableció, en el n. 18: “Para mayor fortalecimiento del apostolado multiforme de la Iglesia sobre los medios de comunicación social, debe celebrarse cada año en todas las diócesis del orbe, a juicio de los obispos, una jornada en la que se ilustre a los fieles sobre sus deberes en esta materia, se les invite a orar por esta causa y a aportar una limosna para este fin, que será empleada íntegramente para sostener y fomentar, según las necesidades del orbe católico, las instituciones e iniciativas promovidas por la Iglesia en este campo”.
En efecto, fue el Papa Pablo VI quien celebró la Primera Jornada Mundial, el domingo 7 de mayo de 1967. En esa oportunidad el Papa Pablo VI señaló que: “Con esta iniciativa, propuesta por el Concilio Ecuménico Vaticano II, la Iglesia, que “se siente íntimamente solidaria con el género humano y con su historia” (Constitución Pastoral sobre La Iglesia en el Mundo contemporáneo, proemio), desea llamar la atención de sus hijos y de todos los hombres de buena voluntad sobre el vasto y complejo fenómeno de los modernos instrumentos de comunicación social, tales como la prensa, el cine, la radio y la televisión, que constituyen una de las notas más características de la civilización de hoy”.

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