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Navidad en la diócesis de Zárate-Campana

Obispado Zarate-Campana FELIZ NAVIDAD

y mensaje navideño de Mons. Oscar Sarlinga

Imagen del Belén en la iglesia co-catedral de la Natividad del Señor

en Belén de Escobar

Luego de la debida preparación del Adviento, que incluyó varias celebraciones penitenciales en parroquias, la diócesis se prepara a las celebraciones de la próxima Navidad. El Sr. Obispo Mons. Oscar Sarlinga celebrará esta vez la misa de Nochebuena en la iglesia catedral de Santa Florentina, en lugar de la co-catedral de la Natividad del Señor, en Belén de Escobar, donde coincide la Navidad con las fiestas patronales. Al día siguiente, 25 de diciembre, como es tradicional, celebrará la Santa Misa con las Hermanas de la Madre Teresa de Calcuta y los ancianos, en el Hogar de la Paz y la Alegría, de Zárate, donde luego permanecerá para compartir parte del día con estos hermanos y hermanas.

Deseamos para todos una Feliz y Santa Navidad del Señor y les transmitimos el mensaje del Sr. Obispo.

Mensaje de Navidad de Mons. Oscar Sarlinga, Obispo de Zárate-Campana

Queridos hermanos y hermanas
Queridos hijos en el Señor,

Con amor les dirijo este mensaje, el cual, en el discurrir de los pensamientos, pareciera que se hizo como una carta pastoral o una larga meditación. Pero verán que no lo es, quiso ser un mensaje espiritual, en el que trasunté algunas cuantas cosas que fui viendo, con la ayuda de la oración y que quise transmitirles para la cercana Navidad. Lean lo que puedan, no he querido ser abstracto ni académico, sino pastoral, y si fui en algo académico, ha sido sin voluntad expresa. Tomen de este mensaje lo que puedan o lo que el Señor les mueva a tomar, y si aún así no lo hacen, recen por mí. Yo lo hago por todos ustedes.

La Luz del Señor es eterna, la Eternidad ha irrumpido ya en el mundo con el Divino Niño, porque, como dice la Escritura, “(…) Yahvé será tu luz eterna, y tu Dios tu esplendor” (Is. 60,19-20).

Es Navidad, queridos hermanos, estamos casi en los umbrales del 2012. “Ayer”, por expresarnos así, comenzábamos el 2011, era “anteayer”, también metafóricamente, cuando estábamos esperando el año 2000. El tiempo transcurre de modo inexorable, y esto sí que ni alguien afectado de complejo de psicológica omnipotencia lo podría negar con convicción, porque nadie, nadie le puede poner oposición a esta verdad fáctica: tempus fugit. En cambio, ¡qué alegría nos proporciona sabernos imbuidos de Eternidad!.

LUZ, PERDÓN Y ALEGRÍA NATALICIOS

Creo que una urgencia de nuestro tiempo es que los cristianos, con humildad, nos levantemos, brillemos con la luz de Cristo y, asumamos la “dramática” urgencia del anuncio natalicio. Allí veo un elemento qua coadyuvaría a que la “nueva evangelización” cobre renovado vigor. La fortaleza y la serenidad del ánimo por la luminosa esperanza en las gracias especiales que recibiremos en el tiempo de Navidad favorecen, alientan en nosotros el profetismo de nuestro espíritu, el munus propheticum, pues si somos humildes de verdad “y en la verdad”  Dios nos dará “nataliciamente” el don de conocimiento para el bien, toda luz, todo perdón, toda alegría, aun en medio de pruebas e incluso de sufrimientos. Prepararse para el tiempo litúrgico de Navidad (mucho más que para una mera fiesta del almanaque) es cosa seria, cosa de fuertes y de mansos, de seres que quieren “renacer de lo Alto”.

Nos preguntamos: ¿podemos re-nacer, nacer de nuevo?. Físicamente no, en estas mismas coordenadas de tiempo y lugar. En la bienaventurada esperanza, sí. La Luz de Belén re-nace en verdad en nosotros, y nos hace re-nacer en el Espíritu, si ponemos las debidas disposiciones a la acción todopoderosa de Dios. La actitud para renacer es de esperanza: ¡levantemos el corazón!.  Acontece que, por no dejarnos iluminar por Dios, por no permitir que el suave poder del Espíritu del Señor disipe tinieblas, es que pululan tantas “obras de la carne” (en sentido paulino), envidias, venganzas, frustraciones interminables, desánimos, todas ellas penosas manifestaciones causadas por el orgullo. En última instancia causadas por no haber “puesto el rostro en tierra” (humus, tierra, de donde proviene humilis, humilde).

Sí, curiosamente, porque “poner rostro en tierra” es la mejor actitud para ver al Niño naciente con el mismo fulgor con que lo adoraron los Magos o vieron los Apóstoles a Jesús resplandeciente en el Tabor, con el mismo fulgor velado como lo vieron María Santísima y San Juan junto a la Cruz.  Es la humildad la que puede darnos la visión espiritual, sin ella, toda visión es “puramente humana”. Humildad es, en ese sentido, tener conciencia de que todo nos ha sido dado, que nada hay que no hayamos recibido, que hemos de vivir en fortaleza, vivir en verdad, nuevamente dicho, “poner el rostro el tierra”. Es virtud medicinal, la medicina de Dios.

MEDICINA DE DIOS

El orgullo es como una peste. Infectó al ser angélico –porque él quiso, en su autocomplacencia e insano remedo de querer ser como Dios. Ese ser no cesa de envidiar la obra de Dios en nosotros. Aborrece especialmente la Encarnación y la Cruz; nos induce a la soberbia, que es la que caracteriza a él y constituye la antítesis de la humildad del verdadero Omnipotente, que es el Señor. Dios nos lo enseña, cual Maestro, el camino de la humildad. Es la lección fundamental y primera que nos da el Altísimo, como la lección basal, de su “misterio”: Él se hizo hombre. Se humilló. Sería ideal que profundizáramos en ese itinerario de humildad.  Ojalá demos algunos pasos vivos en su aprendizaje. Cuesta. Y nadie aprende humildad sin sufrimiento. El orgullo y el rencor que con él viene son dolencias espirituales básicas que nos conducen al vacío y a la nada.

Más aún, como “dolencia-madre”, pecado generador, el orgullo engendra todos los demás. Así, ¿qué duda cabe que el ejemplo de la humildad de Dios constituye, a la vez, como lo refiere San Agustín, la medicina fundamental de la cual tenemos tanta necesidad hoy en día? . ¿Nos dejaremos curar, sanar, por el Divino Niño, que es ya desde su cuna el Divino Médico?. Está en nosotros, pues Dios nos hizo libres. Poderosa medicina es la confianza en Dios. Si no confiamos, trastabillamos y caemos. En el fondo hay orgullo cuando se sucumbe al miedo, a los terrores que pudieran crearse en nuestro espíritu ante una eventual desolación.

Como nuestra confianza puede ser muy pobre, no siempre vemos que Dios nunca se desentiende de nosotros, Él, que tuvo la humildad de hacerse Hombre, el Emmanu-El, y está con nosotros siempre, al punto que pareciera que el profeta Isaías, en su iluminada exhortación se dirigiera a particulares circunstancias de nuestras vidas: “¡Levántate, brilla, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti! Mira: las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos; pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti; y acudirán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora” (Is. 60,1-2). Amanecerá el Señor y nos dará su medicina, crecerá el resplandor de nuestra aurora (siempre desde la Gracia y en unión con la Cruz). Bebámosla, la medicina, es el “kairós”, el momento propicio, no lo desperdiciemos.

JAMÁS SUCUMBIR AL MIEDO, EN EL NIÑO ESTÁ LA OMNIPOTENCIA DIVINA

Navidad es fragilidad y fortaleza. Fragilidad del Niño recién nacido. Fortaleza de Dios hecho Hombre. Navidad es antídoto frente al caer en el paralizante temor, so pena de abrirle las puertas a un misterioso e inicuo poder de tinieblas, antitético de la Navidad. Diversos poderes que no vienen de Dios pueden pretender hacernos sucumbir al miedo, “a los lobos”, al desánimo, o a rapacidades diversas que pueden acecharnos con contrariedades que intenten desanimarnos.

Contrariedades varias no nos faltarán. No menores, entre otras, pueden ser los procederes de quienes, lejos de acrecentar la vida de la Iglesia como misterio de comunión, direccionen más bien su vida por “amor al poder”, dificultando así un renacimiento en la evangelización y misión. Es una actitud difícil de detectar, cuando está, se encuentra como muy replegada dentro, y esto en el ámbito que fuere, incluso con ribetes surrealistas: no olvidemos el espléndido relato del reyezuelo del planetita que describió Antoine de Saint-Exupéry en “Le petit prince”, es la descripción de una actitud, con psicológica penetración de parte del autor.

Entregarse al “amor al poder” no es otra cosa que el afloramiento del egoísmo. El “poder del amor” es unirse a la Cruz y el Amor de Cristo. Si no entregamos de lleno la vida al “poder del amor” nos  empobrecemos, no cumpliremos misión, y se producirá escándalo, más temprano o más tarde. Si queremos ser “dueños” per se vamos por mal camino. No creamos que esto pueda ocurrir sólo o principalmente en “los grandes ámbitos”. Puede darse también en ámbitos muy pequeños y poco valiosos a los ojos del mundo. Es una cuestión de espíritu, de actitud. Más que patrones, somos administradores, y tenemos que serlo “fielmente”. En este trayecto, no pocas veces las luchas que tenemos que afrontar en este mundo en el desenvolvimiento de nuestra misión pueden intentar agobiarnos y obnubilar nuestra vista, hasta pretender querer hacernos perder en parte el rumbo. El Soberbio por excelencia, nuestro enemigo, se alegrará mucho de ese daño, si lo pudo inducir, porque habrá hecho descender obscuridad y confusión, que es lo que se dedica a hacer y lo que lo complace.

Es verdad que no es fácil darse cuenta de todo ello ni advertirlo en sí mismo (tanto puede llegar a estar cauterizada la conciencia) porque es cierto que hay quien no llega a apercibirse del todo acerca de cuánto así obra. Ocurre que para “verse a sí mismo” también hay que asumir una actitud  valiente; no es fácil mirarse en el intimior intimo meo (la expresión es de San Agustín), necesitamos para ello el don del Espíritu.

Un “efecto espejo” o “mirroring effect” ayudará, pero no alcanzará si nos reducimos al ámbito psicológico. Aquí hay que invocar los dones del Espíritu Santo, en especial el discernimiento, y rogar a Dios que nos dé un espíritu de servicio, que aleje de nosotros la soberbia, y nos una a su Cruz gloriosa, aunque tengamos que sufrir, cual espiritual abono para obtener esa gracia, aunque tengamos que expiar.

INCLINAR LA CABEZA BAJO LA PODEROSA MANO DE DIOS

Navidad conlleva como actitud, dijimos, “levantar el corazón”. Levantamos el corazón inclinando y agachando, a la vez, nuestra cabeza bajo la poderosa mano de Dios, cual signo de confianza en Él y en su ternura; hay que aceptar para ello vivir una ascesis, pues existe un no pequeño trecho entre “concebir intelectualmente” que somos “servidores”, y el aceptarlo vivencialmente. Aceptar esta realidad que implica una ascética significa que sea la Palabra de Él la que se haga en nosotros, a imitación de las virtudes de María Santísima.

Por ello, para que se disipe la tiniebla, para que nuestros ojos contemplen el misterio de la Navidad, amanece el Señor, Sol que nace de lo Alto. Conseguiremos compenetrarnos del espíritu de Navidad, más que alzando ansiosas miradas, inclinando la cabeza delante de la poderosa y amorosa mano de Dios para así abrirnos al don de la Fe, de la confianza. De este modo el Niño Jesús, nos hablará, sí, nos hablará al interior, incluso recién nacido, desde su pesebre, con inconfundible acento, a la vez penetrante y suave, y nos exhortará, nos enseñará, con tan sabios sones, que si tomáramos a fondo conciencia no podríamos desechar de ningún modo su palabra de bienaventuranza, y ya, desde entonces, nos inundaría una felicidad que nadie nos podría quitar: “bienaventurados aquellos que escuchan la Palabra de Dios y la practican” (Lc. 11, 28).

¡Bienaventurados!. Ésa es epifánica palabra veritativa y de bondad que nos dirige para nuestra vida, para toda la vida que ya hemos vivido (y de la cual ni un solo instante podemos cambiar) y para la vida por vivir. El Niño lo ve todo, ve nuestro decurso vivido, lo ve todo y en todas sus dimensiones, lo ve así, desde Niñito, desde su humana pequeñez, en un humilde pesebre, y posando sus ojitos sobre dicho decurso histórico y vivencial, y mirándolo con Amor, lo sana, si es que nos dejamos obrar por su medicina. Ya desde el pesebre la misión del Niño empezó a ser epifánica, ya entonces “(…) se manifestó la bondad de Dios nuestro  Salvador y su amor a los hombres” (Tit.3,4).  ¿Lo creemos?. Sí, pienso que lo creemos, pero tengo la certeza de la necesidad de clamar: Señor, creemos, ¡pero aumenta nuestra fe!.

UNA ESPIRITUAL SEMIÓTICA

Una espiritual semiótica, no obstante, es lícito efectuar, en el sentido siguiente. El preguntarnos qué significa para nuestros cristianos (¿quizá también para quienes están más cercanos en nuestras parroquias?) la Navidad, el Misterio de la Natividad o Nacimiento. ¿Cuál es su significación vivencial para nuestra sociedad?. El Papa Benedicto XVI nos exhortó hoy mismo, en la audiencia del miércoles, con paternal dulzura: “En la sociedad actual, donde por desgracia las fiestas que se avecinan están perdiendo progresivamente su valor religioso, es importante que los signos externos de estos días no nos alejen del significado genuino del misterio que celebramos” , afirmó. A la vez nos animó a vivir con gozo el nacimiento de Cristo y aseguró que Dios está cerca de cada uno de nosotros “y desea que lo descubramos, para que con su luz se disipen las tinieblas que encubren nuestra vida y la humanidad” . Toda tiniebla se disipa si en el corazón que recibe a Cristo naciente nace el clamor de Navidad. Prestemos atención a su paterna palabra: “que se disipen las tinieblas que encubren nuestra vida y a la humanidad”.

El Papa Paulo VI, quien en distintos momentos de su magisterio, con la profética y literaria expresión que lo caracterizaba, hacía referencia al “drama” y a lo “dramático”. Visualizó muchas veces las distintas dimensiones del “drama” humano y de la redención. Traigo a colación cuando dijo una vez que el anuncio navideño, visto en todas sus implicancias, conlleva un “drama”, a saber: “Pero aquí nuestro gozoso anuncio natalicio suscita un nuevo drama. Un drama en el cual nosotros todos estamos comprometidos, como vigorosamente nos lo recuerda San Pablo: ¿quién es el que cree en lo que escucha de nosotros? (Rom. 10, 16) –y proseguía, preguntándoselo, el Papa- ¿quién acoge nuestra evangelización?” . Porque la tentación del desánimo acecha; el Padrenuestro nos renueva.

El desánimo se disipa cuando el clamor de Navidad nos mueve a que renazca en nosotros el espíritu de alabanza. Se trata de alabar (y de obrar), ello es obra del Espíritu. Se trata de gozar de la alabanza divina, y también, corresponsablemente, de asumir el desafío, el reto, de evangelizar desde esa alabanza y desde esa alegría que brota del corazón evangelizado.

Es verdad, en este “maravilloso y dramático” mundo, algunos nos escuchan y otros no, algunos facilitan que podamos cumplir una misión, otros no hacen una cosa ni otra, y otros, para qué decirlo, no trasuntan precisamente una ayuda. Asumamos esto también con el realismo de la esperanza, no caigamos en idealismos filosóficos.

Muchos, muchos acogen la evangelización, muchos se acercan y están junto a Cristo y rezan por nosotros, muchos que están visiblemente en la Iglesia y muchos que ni figuran en nuestros cerebrales registros, muchos que sólo el Señor conoce, y los conduce con su Amor. Dios obra siempre y misteriosamente; es más impresionante de lo que podríamos barruntar lo que el Espíritu Santo está obrando, incluso en estos tiempos en que se dan no pocas tinieblas (y las vemos concretamente, no es un cuento).

¿Cuál es el criterio de genuinidad que hemos de asumir en nuestra misión, entonces?. ¿Cómo puede renovarnos la Navidad?. Porque nosotros mismos tenemos que ser honestos en esto. Pienso que un aspecto en el discernimiento de la índole genuina de nuestro proceder es “el buen fruto”. Pero creo que más profundamente aún uno de los criterios de genuinidad es avenirse a aguantarse las bofetadas y escupidas (en no pocas oportunidades sutilmente esputadas), sin abrigar deseos de venganza, sin anidar odio alguno. Antes bien, aunque humanamente cueste y sea casi como un cruento sacrificio, cultivar siempre el Amor y la Paz de Cristo, y “la Justicia que mira desde el Cielo” (Ps 85) para con quienes esas cosas nos infligen.  La Justicia divina es infinitamente superior a la pobre justicia humana y la Misericordia de Dios es infinita.

Hemos de poner todo ello, creo, dentro del religioso “drama” de no ser más el servidor que su Dueño. Forma parte de la asunción de lo “teodramático”. Y vale para clérigos, laicos, religiosos, religiosas, familias, comunidades, pienso que vale para todos. Por ello, “perdonar es divino”. De tal modo, la alegría deviene infinita, cristológica y cristocéntrica en nuestros corazones.

Así pues, quien quiera dedicarse a ser un natalicio o navideño evangelizador, haga interiormente carne en sí mismo la exhortación de Jesús: “Vengan a mí”, y esto cuando el anuncio cuesta, o cuando es contrariado (no pocas veces más que por los “de fuera” por los “de dentro”). Esto es, re-cordemos, traigamos a nuestro interior, la palabra del Maestro: “Vengan a mí, todos ustedes, que están fatigados y oprimidos, que Yo los aliviaré”. Sólo Jesús nos alivia, nos descansa, nos reanima, nos devuelve (incluso cuando dormimos) la fortaleza y el ánimo.

“GRACIAS” Y “PERDÓN” EN NAVIDAD

Para conservar el ánimo y la fortaleza nos servirán de mucho dos realidades, muy buenas también para “expresar” (porque son mucho más que dos “términos”, son realidades, pero nos cuesta mucho decírselas a las personas): “Gracias” y “Perdón”.

Preguntó Pedro a Jesús: ¿cuántas veces debo perdonar a mi hermano, hasta siete veces?… respondió Jesús: no te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete” (Mt. 18, 21). Nosotros también necesitamos ser perdonados (porque si miramos bien, mucho hemos pecado) y también necesitamos perdonar. Es la ocasión de reflexionarlo: ¿Cómo lo hemos visualizado en nuestra preparación a la Navidad?. ¿Con qué disposición hemos acudido al sacramento de la reconciliación, o lo hemos promovido o alentado?. A cada uno la respuesta. Pero si descuidamos el sacramento de la reconciliación ningún renacimiento florecerá.

INGRESEMOS EN LA “TEODRAMÁTICA” DEL NIÑO

Al Eterno ya nos lo ha manifestado, Él, Jesús, que es la Epifanía del Padre, pues “nadie conoce al Padre sino el Hijo” (Mt 11,27). En su Venida Gloriosa lo veremos “cara a cara”. La Eternidad beata es nuestra esperanza. Mientras tanto, nosotros conocemos a Dios porque  el Niño nos lo ha dado a conocer, para que tuviéramos vida, pues “esta es la voluntad del Padre, que todo el que ve al Hijo y cree en El, tenga vida eterna”(Jn 6,40). Es lo que cuenta, con todas las buenas consecuencias que tiene para la vida humana, en camino a la Patria del Cielo. Todo lo demás pasa, “como la hierba que se seca”.

Así, entonces, con gran afecto pido que esta Navidad nos sumerja más y más en lo Eterno, y a la vez nos haga resurgir a una vida nueva y nos reafirme en nuestra responsabilidad de evangelizar (fácil es decirlo, difícil es “dejarse renovar”). Al “drama” que significa esta vida, dejémoslo transformar por Dios; puede hacerlo, quiere hacerlo, según el mayor bien para nosotros. Aceptemos que Él sea “Señor” de nuestra propia historia, en salvífica “teodramática”, no importa cuántas tristes vicisitudes podamos haber experimentado, quizá también con alguna “dies amara valde” (día de infinita amargura). La alegría del Corazón de Cristo todo lo supera y si la asumimos, nadie nos la podrá quitar.

El único Señor de la Historia es Dios. El único real Protagonista de la Evangelización es el Espíritu Santo. La Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo y el Pueblo de Dios. Nosotros cultivemos cada día más el espíritu de servidores. Imploremos la ayuda de la Virgen Inmaculada Madre de Dios, Madre de la Iglesia, y del Patriarca San José, “varón Justo” Patrono de la Iglesia; ellos fueron por excelencia de las excelencias los más puros anawim, en su espíritu manso, dulce y fuerte, ellos creyeron, contra toda expectativa humana, que “para Dios nada hay imposible” (Lc 1,37) y se sintieron confortados en Aquél Único que nos conforta (Cf Flp 4,13) pues María y José vivieron en plenitud esta certeza: el que, “para quienes aman a Dios todas las cosas contribuyen al bien” (Rm 8,28).

Sí, en el mysterium pietatis, misterio de piedad, todo se transforma en Bien para los que aman a Dios. Nosotros aferrémonos a que todo es posible para el que cree. Preguntémoselo, en nuestro interior, a María, “la Mujer creyente”.

Feliz Navidad, con todo el corazón, y “con todo el amor del que soy capaz” (en el sentir del Beato Charles de Foucault) muy feliz renacimiento en los corazones, en las familias y en las comunidades, bendiciones de lo Alto de las manos del Divino Niño; tengamos esperanza, sembremos esperanza. Paz y Bien.

Con afecto pastoral, en el Señor Jesús,

+Oscar

21 de diciembre de 2011

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Notas.
(1) Cf San Agustín, de Trin. 8, 5, 7; P.L. 42, 952.
(2) Benedicto XVI, Audiencia pública del miércoles 21 de diciembre en el Aula Pablo VI del Vaticano.
(3) Ibid.
(4) Pablo VI,  MESSAGGIO URBI ET ORBI   Solennità del Natale del Signore  Giovedì, 25 dicembre 1975

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Inauguración del centro misional “Santa Teresita” y bendición de capilla del Beato Ceferino Namuncurá, en el barrio de Los Tilos, de La Lonja, en Pilar.

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Este sábado 17 de diciembre, a las 18, el Obispo de Zárate-Campana Mons. Oscar Sarlinga bendijo una nueva iglesia e inauguró un nuevo centro misional, en la jurisdicción de la parroquia de San Manuel Mártir, en La Lonja, partido de Pilar. Se trata de la capilla del Beato Ceferino Namuncurá (la primera con ese título en la diócesis), obra que se realizó junto al ahora creado “centro misional” de Santa Teresita del Niño Jesús, en el barrio “Los Tilos”, lugar que forma la última parte de la diócesis de Zárate-Campana, ubicada entre la avenida que une la antigua ruta 8 con la autopista ramal Pilar y el arroyo Pinazo, que es el límite con la diócesis de San Miguel. Alrededor del nuevo centro misional, buena parte de las familias es de origen paraguayo, nacidos, hijos o nietos, o de provincias de nuestro país y la zona tuvo cuatro misiones parroquiales juveniles consecutivas. La historia misional de la región data de los años 1980 y 1981 cuando se realizó misión parroquial desde la iglesia matriz de Nuestra Señora del Pilar, al término de la cual se celebró la primera misa en el barrio, en un terreno “baldío”, sin edificación alguna, y también se realizaron bautismos, primeras comuniones y matrimonios. La catequesis comenzó a darse en el predio de la entonces “sociedad de fomento”. Con el decurso del tiempo, en un terreno  prestado  por vecinos se armó una casilla de madera y chapas y se colocó allí una pequeña imagen de Santa Teresita del Niño Jesús, que aun existe, y que sobrevivió tanto al incendio que destruyó el primer recinto como al tornado que hizo volar al segundo. A partir de allí las escasas misas que se celebraban en el año lo eran en casas de familia, hasta que se adquirió el terreno actual y se comenzó con una pequeña construcción. En el año 2006 nuestro Obispo Mons. Oscar Sarlinga nombró al P. Albino Cabral como vicario parroquial de Ntra. Sra. del Pilar, con especial encargo para la atención de la zona de “La Lonja” y para ayuda de la llamada «vicaría» de Ntra. Sra. de Caacupé. Como vicario parroquial de Nuestra Señora del Pilar y encargado de la pastoral en La Lonja, el P. Albino Cabral comenzó a interesarse por el lugar de culto en Los Tilos apenas llegado, y en el año 2007 tomó las disposiciones para vallar el terreno y procuró comenzar con algunas mejoras en el lugar existente, que seguía siendo precario, así como a buscar catequistas para el lugar, puesto que habían quedado sólo 2 para tal misión, siendo que el barrio se había poblado más y el número de niños habían crecido mucho. Mientras tanto, visto el crecimiento de la zona, la mejor atención pastoral y la buena respuesta de la comunidad católica en la zona llamada “La Lonja”, donde se pudo hacer casa parroquial, salones pastorales, de catequesis y de Caritas, y otras instalaciones pastorales el Obispo Oscar Sarlinga procedió al erigimiento de “San Manuel Mártir” de La Lonja como “parroquia” el 30 de noviembre de 2008, desmembrándola así de la parroquia de Nuestra Señora del Pilar, dándole plena autonomía, y nombrando al Pbro. Albino Cabral como primer cura párroco. En los finales del año 2010, movido por la Divina Providencia, un fiel católico que ha recibido una gracia por intercesión del Beato Ceferino, el Sr. Norberto Krummel ofreció al P. Albino construir un templo en honor del beato Ceferino Namuncurá en una zona tan necesitada. Es así que en el año 2011 comenzó a construirse la actual capilla (visitada por Mons. Sarlinga en sus inicios, con ocasión de una visita pastoral a La Lonja). El nuevo templo pudo ser concluido en 7 meses, incluso con donaciones especiales de diezmos, con la cuales pudo proveerse a construirse salones para la catequesis y distintos talleres de promoción social, para enseñanza de oficios. Como “centro misional” el lugar sigue estando bajo el patronazgo de Santa Teresita del Niño Jesús.

Mons. Oscar Sarlinga donó para el nuevo templo una artística cruz, un atril y una reliquia insigne del Beato Ceferino.A esta altura del año 2011, ya cercanos a la Navidad, puede decirse que la comunidad creció maravillosamente, e incluso del barrio de la nueva capilla del Beato Ceferino están surgiendo vocaciones sacerdotales.

La misa tuvo lugar a las 18, y junto con Mons. Sarlinga concelebraron Mons. Edgardo Galuppo, el cura párroco, Pbro. Albino Cabral, Mons. Daniel Ferrari, el Pbro. Gabriel Micheli, cura de Nuestra Señora de la Paz y San Francisco de Asís, de Pilar, el Pbro. Gustavo Páez y el Pbro. Mauricio Aracena. El obispo en su homilía hizo referencia a la fe que mueve a vivir en el amor, explicando el “credere in Deum” de San Agustín: “estas zonas barriales tienen muchas potencialidades, nuestra gente requiere que se despierte ese Amor a Cristo en sus corazones, y que ese cristianismo, ese catolicismo se haga vida concreta, expresión de la fe, ese “credere in Deum” del que hablaba San Agustín”, dijo. Exhortó a afinar la adhesión del corazón al contenido de la fe, la misma Revelación que la Iglesia nos propone para creer, y que en última instancia es el mismo Cristo, plenitud Él mismo de la revelación. Luego de mencionar el Año de la Fe, anunciado por el Papa Benedicto XVI para octubre de 2012, exhortó a una verdadera “nueva evangelización” como lo pide la Iglesia, a proseguir la misión y la solidaridad. Para concluir relató los trazos principales de la vida del Beato Ceferino Namuncurá y de Santa Teresita del Niño Jesús, y exhortó a todos a encontrar “nuestro lugar en la Iglesia”, haciendo hincapié en que uno fue llamado a ser “evangelizador” desde el Cielo, puesto que Dios lo llamó junto a sí muy joven, y la Santa de Lisieux entregó su vida por las misiones y por las vocaciones sacerdotales.

Al término de la ceremonia, el párroco y el donante descrubrieron la placa conmemorativa, y se tuvo un ágape fraterno del que participaron todos los grupos apostólicos presentes y la gente del barrio, permaneciendo hasta el final tanto el obispo como los sacerdotes.

Homilía de Mons. Oscar D. Sarlinga
En la inauguración del Centro Misional de Santa Teresita del Niño Jesús
Y dedicación del templo del Beato Ceferino Namuncurá
En el barrio de “Los Tilos”, en los límites de la localidad de La Lonja, parroquia de San Manuel Mártir (partido de Pilar)

17 de diciembre de 2011

Queridos sacerdotes, diáconos, seminaristas, religiosas, hermanos y hermanas:
Estamos aquí hoy, en este cuarto domingo de Adviento, tiempo de gozosa espera y de penitencia en la esperanza, para inaugurar el centro misional de “Santa Teresita del Niño Jesús” y capilla del Beato Ceferino Namuncurá, “el príncipe de las Pampas” como ha dado en llamársele. Nos mueve la perspectiva de la misión evangélica con fe y en la esperanza del Reino, del cual todos somos heraldos y testigos; la presencia del Obispo y de los sacerdotes, y de todos ustedes, en esta nueva iglesia, manifiesta la misión de anunciar el Evangelio de la gracia y la verdad (Cf Jn. 1, 14), llevar el mensaje de salvación al mundo, anunciar la necesidad de la penitencia y de la redención, invitar a todos a la esperanza, y, con la gracia de Cristo, exhortarnos unos a otros a no sucumbir a los “ídolos” siempre renacientes; convertirnos, en fin, a Cristo Salvador, cuya Buena Noticia de salvación (Cf Mc. 1) estamos llamados a transmitir con plenitud de ánimo, de fortaleza que viene de Dios (Cf Hech 6, 8), a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, también aquí, en este popular y creciente barrio de “Los Tilos”, a la vera del arroyo Pinazo, inserto en una realidad social concreta, humilde, sí, y llena de la dignidad propia de quienes la habitan porque son hijos de Dios y quieren un legítimo desarrollo integral. Estas zonas barriales tienen muchas potencialidades, nuestra gente requiere que se despierte ese Amor a Cristo en sus corazones, y que ese cristianismo, ese catolicismo se haga vida concreta, expresión de la fe, ese “credere in Deum” del que hablaba San Agustín.
Como Pastor de ustedes, como Obispo, les pido que pongamos la disposición de nuestro espíritu para una dedicación total al amor de Cristo (Cf Mt 12,29) el cual manifiesta con su Luz (que veremos litúrgicamente naciente en Navidad) la exigencia misionera esencial propia de todo bautizado, y en especial (aunque no exclusivamente) propia de los sacerdotes, que han sido consagrados en una disponibilidad total por el Reino de Dios. Les pido que dispongamos nuestro corazón a perdonar, y a ser perdonados, y en especial en este tiempo de Adviento, de preparación a la Navidad, de acercarnos al sacramento de la reconciliación, que nos sana y nos libera del pecado, y de tal modo nos dispone a liberarnos también de las consecuencias del pecado, en el orden personal y social.
Hablábamos de vida cristiana y de consecuencias de nuestra fe, el “credere in Deum”. Nuestro Papa Benedicto XVI ha anunciado en su carta apostólica “Porta fidei” que proclamará el año 2012, como “Año de la Fe”. Lo ha hecho siguiendo el camino de Pablo VI (quien proclamó “Año de la Fe” al 1967, y nos legó el “Credo del Pueblo de Dios, en 1968) y de Juan Pablo II, quien trazó los surcos de la nueva evangelización, en los países católicos en los cuales tantos se han alejado de la Iglesia, de la fe, del Amor de Cristo, y también en aquellos lugares donde es necesaria una “misión ad gentes”.  Este próximo “Año de la Fe” tendrá lugar a partir del 11 de octubre del 2012, en el 50º aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, hasta el 24 de noviembre del 2013, en la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo. Tengámoslo presente para asumir todo el sentido de la fe, como “adhesión de toda nuestra inteligencia y nuestro corazón” pero adhesión a un “tesoro”, el contenido de la fe que la Iglesia nos propone para creer, y que nos ha revelado Jesucristo, plenitud Él mismo de la Revelación. Esto significará también para nosotros un desafío. Sí, es para nosotros un desafío a asumir, cada uno según su vocación y elección, como dice San Pablo, cada uno según su llamado y sus reales posibilidades, sus talentos, sus dones y su puesta a disposición a la llamada divina.
El patronazgo de Santa Teresita del Niño Jesús, co-patrona de las Misiones, nos dice mucho, y además este lugar de culto, que ahora se ha podido finalizar, tiene mucho que narrar acerca de la protección de esta santa sobre estos lares, sobre esta gente nuestra que aquí vive, que aquí, como familias, y como familia de Dios (que es la Iglesia) dan testimonio de ser cristianos.
El Beato Ceferino Namuncurá beatificado el último domingo de noviembre de 2007 por el Sr. Cardenal Tarcisio Bertone, en nombre del Papa, en Chimpay, localidad de la Patagonia argentina, era hijo del cacique araucano Manuel Namuncurá, llamado por su mismo pueblo el “Rey de las Pampas”. Él también nos toma bajo su protección, porque lo que quería era que su padre lo llevara a Buenos Aires para estudiar y así «ser útil más tarde a su pueblo». Ceferino no se encontró a gusto en un centro de estudios estatal y fue  su padre mismo quien lo hizo pasar al colegio salesiano “Pío IX”, existente hasta hoy, gracias a la intervención de Mons. Cagliero, evangelizador también de la Patagonia y luego Cardenal. La gracia transformó su corazón, cada vez más. Quería ser sacerdote, era el secreto de su corazón. Lo expresó ya siendo aspirante salesiano, ¡quería ser sacerdote! Y su vida misma era como un manifiesto mismo del Evangelio, al punto que fue recibido en audiencia por el Papa San Pío X, quien lo miró con sus ojos llenos de dulzura (que lo caracterizaban), lo escuchó con cariño, con interés por su camino de fe y con esperanza, y como corolario le regaló al final la medalla «ad principes», reservada a los príncipes, ratificándolo así como “el príncipe de las Pampas”. El Señor tenía para Ceferino planes mayores, y lo llevó consigo antes de ser sacerdote en esta tierra, para que fuera intercesor, para que muy junto a Él, al Corazón de Jesús y a la Virgen, nos acompañara desde el Cielo, y que con sus ojos también llenos de ternura y compasión nos mirara y nos diera su amistad desde muy junto a Dios. Contamos hoy aquí con una reliquia insigne suya, para que en este templo permanezca y sea como un signo visible de su presencia.
Siempre he pensado que es propio de bien nacido el ser agradecido. Gracias a todos, por ello, gracias a quienes han hecho posible que con la Gracia de Dios se forme esta comunidad católica, gracias a quienes han hecho una realidad concreta este ansiado templo, estos salones pastorales, estas instalaciones. Los lugares de culto precedentes, ustedes lo saben, pasaron por muchas vicisitudes, incluso la destrucción debida primero a un incendio, y luego a un tornado, con materiales lábiles como estaba hecho. Sabemos también que en los dos casos quedó intacta la imagen de Santa Teresita del Niño Jesús, cuando alrededor todo fue destruido: algún mensaje ha querido darnos en cuanto a la asunción de la misión, de la misionariedad, de la dimensión misionera de la pastoral. Gracias a todos y a cada uno, catequistas, colaboradores, colaboradoras, a quienes entregaron “la ofrenda de la viuda” del Evangelio, y a quien cumplió un voto hecho a Ceferino, el Sr. Krummel, aquí presente. Gracias también al pastor de esta comunidad parroquial de San Manuel Mártir, de La Lonja, el Padre Albino Cabral, y a todos quienes entregan mucho de su vida por la evangelización, a tantos jóvenes, muchos hoy aquí presentes, y a todos aquellos a quien Jesús, “cuyos ojos son mil veces más brillantes que el Sol”, bien ve cuánto han puesto de sí, de la oración y del trabajo apostólico. Damos gracias a Dios por cómo creció la parroquia como “comunidad de comunidades”, como la llamara el documento de Puebla, en especial en Liturgia, la catequesis, la Caritas, la pastoral vocacional y los distintos grupos apostólicos. Gracias también a los seminaristas, que han hecho más feliz, evangélico y luminoso el año pastoral; yo sé que han dado un buen ejemplo y que han asumido su misión con espíritu de fe, con dedicación y alegría, y que les han hecho mucho bien a tantos y tantos fieles que entraron en contacto con ustedes.
Hoy ponemos en las manos de la Virgen María, Madre de Dios y Madre de la Iglesia, Madre de Ternura, llamada la Estrella de la Evangelización, de Santa Teresita del Niño Jesús y del Beato Ceferino Namuncurá, este centro misional y esta capilla, que es una iglesia dedicada a Dios, para el Pueblo de Dios.
Ponemos en el corazón de Cristo a nuestro pueblo, a las familias, para que tengamos paz, pan, trabajo, armonía, protección del Cielo, y para que crezcan y se acrecienten las vocaciones a la vida cristiana, la vocación a la santidad del matrimonio y en especial las vocaciones sacerdotales y religiosas, que ya han empezado a surgir, en este lugar de bendición. La bendición del Señor está descendiendo sobre nosotros, que sea como un renovado Pentecostés, en esta Eucaristía y siempre, unidos en el Amor. Recemos siempre los unos por los otros y no dejemos de invocar siempre al Espíritu Santo, el de Consuelo, el “Paraklétos”, nuestro Defensor, el que nos colma con sus dones y nos atrae suavemente a vivir la filiación divina.

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FM “Santa María” festejó sus primeros quince años de transmisiones

Festejos Fm Santa María, Campana

La celebración comenzó con la Santa Misa, a las 8.00, en la iglesia catedral de Santa Florentina, presidida por el obispo Mons. Oscar Sarlinga y concelebrada por el cura párroco, Pbro. Hugo Lovatto, por Mons. Ariel Pérez, por el R.P. Joaquín Ocampo Álvarez, dj. y por el Pbro. Dr. Nestor Villa.
Con una fiesta realizada en La Finca Celebraciones, la emisora compartió con sus integrantes, colegas y allegados la felicidad de cumplir una década y media transmitiendo desde el 91.3 MHZ del dial.

La noche del 8 de Diciembre marcó la fecha exacta en la cual FM Santa María, la radio del Obispado Zárate Campana, cumplió sus primeros 15 años al aire, transmitiendo desde el 91.3 MHZ del dial.

Y lo festejó con una fiesta realizada en La Finca Eventos, de la cual participaron integrantes del medio, colegas, amigos, invitados especiales y allegados. También funcionarios del Municipio, como el Secretario de Cultura y Educación, Fito Tolassi, el Secretario Privado Municipal, Lic. Mauro Di María, y los concejales Juan Ghione y Rubén Alvarez.
Tanto la Jefa Comunal Stella Maris Giroldi, como el Obispo Mons. Oscar Sarlinga, no pudieron asistir a los festejos pero hicieron llegar sus saludos, en una fecha cargada de actividades durante toda la jornada, ya que el 8 de Diciembre se conmemora el Día de la Inmaculada Concepción.
Los saludos y felicitaciones fueron agradecidos por el Director de la emisora, Gastón Molina, quien tuvo palabras emotivas para quienes conforman la familia de Santa María.
La cena fue amenizada por la música de Jazz Cool, banda liderada por los hermanos Rubén y José Alvarez, fue parte de la celebración que además incluyó un video recopilando los 15 años de historia y las obras más importantes.
Desde distintos medios gráficos y digitales de Campana se hicieron llegar saludos a todos los amigos de la radio, a sus directivos y responsables pero también a quienes hacen a diario tan importante medio: Emmanuel, Carolina, Pablo, Sergio, y a toda la gran familia de la radio, quienes bien merecidos tienen su festejo.

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Procesión de la Inmaculada en Baradero

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Esplendorosa procesión de la Inmaculada

Una tarde esplenderosa presidió ayer la procesión de la Inmaculada Concepción, muy enraizada con la vida e historia de la ciudad y cargada de religiosidad popular.  La Inmaculada Concepción salió desde el templo parroquial de Santiago Apóstol, para realizar la procesión y recorrer calle Anchorena hasta la Plaza Colón donde se realizó la multitudinaria Santa Misa celebrada por el padre Atilio y concelebrada por el padre Arturo Terenzi.
Durante la procesión se cantó, se rezó y se meditó sobre el valor de la vida como primer derecho humano a defender.
Estuvieron presentes las comunidades de las distintas capillas y centros misionales de Baradero, como así también los colegios católicos con sus banderas de ceremonias, Prefectura Naval, Policía Comunal y Colectividades.
El toque de color lo daban también los niños que han recibido su Primera Comunión este año y, como es habitual para esta fiesta, y realizaron su Consagración a María.
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